Las “dietas relámpago” y sus consecuencias

En la actualidad, son muchas las personas que acuden a las redes sociales o a ciertas líneas de productos comerciales buscando dietas mágicas. Unas veces llevadas por la moda, otras por la ansiedad o por situaciones puntuales  como eventos de carácter público o del ámbito personal como bodas, viajes, vacaciones, etc. La mayoría de estas personas intentan bajar de peso siguiendo métodos supuestamente eficaces que, además, prometen resultados inmediatos. Se trata de «dietas relámpago» que suelen ir acompañadas de consecuencias nefastas para el organismo.

Como todos/as sabemos, en las redes sociales es fácil encontrar una infinidad de estas dietas “relámpago” mal llamadas “milagrosas”. Si se me preguntara hasta qué punto ayudan a bajar de peso, mi respuesta sería que sí, que ayudan, algunas con una rapidez impresionante. En tal caso, bien se podría creer que, al menos a primera vista, hacer una dieta relámpago nos puede servir para lograr nuestro objetivo final: bajar de peso. Pero, antes de echar mano de una de estas dietas milagrosas, hay ciertas consideraciones que debemos tener en cuenta.

¿Las dietas milagro son una alternativa?

Debemos saber que las dietas relámpago pueden tener graves consecuencias, en la medida en que pueden afectar funciones vitales de nuestros órganos internos, aunque a veces no lo notemos, y hasta alterar nuestro aspecto exterior. El Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), alerta de los «posibles efectos secundarios o rebote de aquellas dietas que prometen perder mucho peso en poco tiempo, ya que carecen de sustento científico y son insostenibles a largo plazo en caso de reducir el peso de forma saludable”. El impacto metabólico de estas dietas relámpago, en suma, puede derivar en importantes problemas de salud. 

El impacto metabólico de estas dietas relámpago puede derivar en importantes problemas de salud

¿Significa eso que no tenemos salida? La tenemos, naturalmente. Pero alcanzar el peso deseado y mantenerlo sin dañar la salud requiere dedicación, tiempo y disciplina. Por eso, lo primero que debemos comprender antes de emprender una dieta, es que nuestro peso deseado o peso saludable no es el que impone una marca de ropa, una moda, o la imagen esbelta y espectacular que exhiba determinada celebridad.

¿Cuál es nuestro peso saludable?

Nuestro peso es únicamente aquel que nuestra estatura, edad, fisiología y contextura física requiere para que nos veamos y sintamos saludables. Así por ejemplo, el peso de un hombre de treinta y seis años que tenga una estatura de 1,70 cm., no debería ser igual al de un varón de la misma edad cuya altura sea de 1,99 cm. 

Una manera fácil de obtener la cifra aproximada de nuestro peso saludable es recurriendo al indicador de masa corporal. El “índice de masa corporal” (IMC) es “una razón matemática que asocia la masa y la talla de un individuo, ideada por el estadístico belga Adolphe Quetelet; por lo que también se conoce como índice de Quetelet.” Para obtener nuestro IMC utilizaremos la siguiente fórmula: 

IMC= P/estatura 2(cm)

Lo más recomendable es que el resultado de esta ecuación esté entre el 19 y el 23. El peso saludable se obtiene con el despeje de la fórmula, utilizando una media del IMC -por ejemplo el 21- tal y como se hace a continuación:

Mi peso ideal = 21 x estatura2 (cm)

Aunque es importante señalar que la cifra obtenida no es definitiva y se trata de una aproximación. Los dietistas-nutricionistas siempre la relacionamos con la composición corporal del paciente.

Las dietas relámpago y sus consecuencias

Hablaré ahora de las posibles consecuencias que pueden tener las dietas relámpago en nuestra salud ya que en definitiva, alcanzar el peso saludable es la motivación principal de este artículo. Conocer estas consecuencias es fundamental, por eso he hecho un breve recuento de algunos regímenes dietéticos en boga:

 1. Las monodietas

Se trata de un tipo de dieta que se basa en la ingestión permanente de un único alimento: “la dieta del limón”, “la dieta de la piña”, “la del pepino”, “la de la manzana”, y así podríamos seguir. Por lo general, esta clase de regímenes nos aseguran que nuestras medidas corporales descenderán en el brevísimo lapso de una semana.

Las monodietas pueden producir desequilibrios, pues tienen un aporte calórico demasiado bajo en relación con las necesidades del cuerpo humano. Además, la ingesta excesiva de un nutriente, un ácido, o de cualquier tipo de fibra puede modificar las funciones digestivas, causando graves alteraciones en los sistemas metabólico y digestivo; alteraciones que influirán en el sentimiento de ansiedad y cambios de humor.

2.  La dietas muy bajas en calorías

Estas dietas, basadas en un consumo muy bajo y no personalizado de calorías, nos aseguran el descenso del peso corporal a expensas de los requerimientos diarios imprescindibles para mantener las mínimas condiciones de funcionamiento de nuestro organismo. Un ejemplo de ellas es la dieta de «500 kcal x kg peso/día”.  

Además podemos encontrar en las redes sociales otras dietas prediseñadas donde se aconseja sustituir la alimentación balanceada por una cantidad suplementaria de alimentos ricos en grasas o proteínas, y hasta algunas en las que se sustituye una comida -o varias- por una merengada u otro tipo de brebaje. En la mayoría de los casos, todas estas dietas desencadenan el temido efecto rebote, que nos llevará a ganar más kilos de los que teníamos anteriormente.

¿Cómo puede ayudarte un dietista-nutricionista?

Por todo lo dicho hasta aquí, mi recomendación es que si queremos bajar de peso sin dañar nuestro cuerpo, quizá de manera irreversible, acudamos a un experto en Nutrición y Dietética. Estos profesionales son los aliados para acompañarnos en el proceso que nos llevará a alcanzar el peso y la salud deseada.

En la consulta del nutricionista, hallaremos un plan personalizado, equilibrado y adaptado a nuestras necesidades, edad,  condiciones especiales de salud y actividades diarias. Es siguiendo un plan adaptado a nuestro perfil y circunstancias individuales, como podremos bajar de peso de una manera progresiva y, sin sufrir secuelas como las enfermedades metabólicas u hormonales, dolores de cabeza, nerviosismo, cambios de humor y otros problemas físicos entre los que se cuentan la flacidez muscular o el agotamiento.

Recordémoslo: en materia de dietas no existen milagros ni relámpagos saludables, pero eso no significa que no podamos hacer realidad nuestro peso añorado cambiando hábitos diarios y ciñéndonos a cierta disciplina, siempre bajo la orientación de un especialista.

Hasta la próxima edición…

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